BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY, EL RINCÓN DE MARCO ATILIO.

domingo, 18 de febrero de 2018

La maldad humana

A medida que me voy haciendo mayor, a medida que voy llenando las alforjas de la vida de experiencia y de vivencias de todo tipo, me voy dando cuenta, cada vez más, que el ser humano, en general, es egoísta, ambicioso, egocéntrico, miserable, explotador, insolidario… con una asquerosa y despreciable falta de empatía por los demás que raya lo patológico.

¿Ah, no?

¿Entonces cómo demonios hay tanta desigualdad entre las personas?

¿Por qué unos poseen tanto y otros prácticamente nada?

¿Por qué se tiene que explotar a las personas a cambio de un pírrico y miserable salario?

¿Por qué no se acaba con la pobreza y el hambre en el mundo?

¿Por qué los poderosos, los acaudalados, no hacen nada en pos de una sociedad más justa y salen de su burbuja particular que los aísla y los enajena del drama que se representa a su alrededor?

¿Por qué no aplicamos aquello de…? “No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”.

Porque el ser humano, en general, es malo por naturaleza y antepone su propio bienestar a cualquier otra cosa. Y para conseguir sus ambiciosos propósitos no le importa derribar a cualquiera que se ponga en su camino. “El fin justifica los medios”, aunque para ello se mande a la indigencia a muchos de sus congéneres. Desde luego la avaricia y la ambición humanas no tienen límites. ¡Puaj!

A continuación algunas frases de personajes famosos que, de alguna manera, están en la línea de lo que pienso:

El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres. (Karl Kraus)

¿Acaso porque eres rico tienes dos estómagos que llenar? (San Agustín)

La igualdad en la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro ni ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse. (Jean-Jacques Rousseau)

Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si ya han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infamia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico. (Almeida Garrett)

Marco Atilio

martes, 9 de enero de 2018

¿Es sencilla la vida?

A menudo recibo bonitos mensajes de WhatsApp (imágenes o videos) cuyo propósito es el de fortalecer nuestra paz interior, el de ayudar a nuestro desarrollo personal o también nos aconsejan sobre la mejor manera de afrontar los problemas de la vida. La verdad es que  WhatsApp está lleno de estos mensajes. Vienen a decir que la vida puede ser mucho más sencilla de lo que parece y que solo nuestra actitud ante la misma puede hacer que veamos el vaso medio lleno o medio vacío.

Ciertamente, la vida puede ser tan sencilla…

Lo que ocurre es que estamos influenciados por tantos agentes externos que gobiernan nuestra propia voluntad y que influyen, de manera a veces tan dramática en nuestra propia vida, que a veces resulta difícil vivir esa sencillez. Agentes de todo tipo: sociales, laborales, económicos, familiares… pero que es difícil obviar ya que, de alguna manera, vivimos prisioneros de ellos a lo largo de nuestra vida y en cualquier momento  pueden alterar nuestra placidez.

Lo que es cierto es que la forma de afrontarlos cambia de una persona a otra. Como también es cierto que afrontar la vida en flashes positivos es la mejor forma de gestionar nuestro día a día. Aunque, como humanos que somos a veces flaqueamos y nos puede la impaciencia, y puede que incluso se apodere de nosotros cierta desesperanza. Sobre todo cuando ocurren en nuestro entorno más próximo situaciones complicadas que nos sacan de nuestra zona de confort.

La vida es sencilla pero difícil a la vez. De nuestra actitud ante ella depende lo complicada… o no, que resulte.

Creo que por ahí pueden ir los “tiros”.

Marco Atilio

lunes, 25 de diciembre de 2017

Feliz Navidad



La Navidad es una celebración que no me gusta mucho, al menos no tanto como antes. Considero que son fiestas consumistas y también cargadas un tanto de hipocresía. Nos desvivimos por mandar mensajes de buenos deseos y a menudo nos olvidamos que hay más días en el año para hacerlo y no solamente en estas fechas pero… así está impuesto por la tradición y la costumbre.

Las celebraciones navideñas comienzan con la Nochebuena. Una noche cargada de emotividad, de buenos deseos y sentimientos. Una noche para celebrar con la familia, en donde preparamos las mejores viandas que podemos permitirnos para compartirlas con los nuestros. Una noche en donde nos afanamos porque la paz y la armonía sean las reinas de nuestras casas.

Por otra parte, es una noche en donde muchas emociones nos invaden, fluyen, se desbocan…  Quizá nos asalten sentimientos encontrados, tristes y felices a la vez. Si hemos tenido la desgracia de perderlos,  seguramente echemos de menos a los seres queridos que ya no están entre nosotros y, aunque su ausencia nos ponga tristes, debemos disfrutar con los que aún están con nosotros, con aquellos que nos acompañan es esta noche especial, sin olvidarnos del ausente pero mirando hacia adelante, porque la vida está para disfrutar de los momentos y nada conseguimos con martirizarnos por algo que, lamentablemente ocurrió y nada podemos hacer por cambiarlo.

La Nochevieja es más de lo mismo, nos rodeamos de nuestra familia e intentamos pasarlo en grande, comiendo, bebiendo, brindando y repartiendo buenos deseos para el año nuevo. Lo típico. Como también es típico comernos las 12 uvas para que nos den suerte para el año que comienza. Una tradición para la que existen diferentes explicaciones:

“Una dice que todo comenzó en 1882. En esa época la clase burguesa solía beber champán y comer uvas durante la cena de Nochevieja.

Un grupo de madrileños decidieron ironizar esta tradición acudiendo a la Puerta del Sol para comer uvas acompañados del sonido de las campanadas.

Otra teoría remonta la tradición a 1909. Ese año hubo muy buena cosecha de uva, y los productores decidieron dar más salida al producto vendiéndola como “uvas de la suerte”.

A lo largo de los años la tradición se ha ido puliendo. Hoy día mucha gente dice que las uvas simbolizan la abundancia y cada vez que se come una hay que pedir un deseo. En total 12 deseos.”

Yo, fiel a esta tradición, suelo comerme las 12 uvas todas las nocheviejas, y lo hago desde que tengo uso de razón, frente al televisor, siguiendo la retransmisión de TVE, como mandan los cánones. Por cierto, la retransmisión de las doce campanadas comenzó en Televisión Española en el año 1962.

Las fiestas navideñas terminan con la Epifanía el día 6 de enero. Pero antes está la noche de reyes, la cabalgata, la noche de los regalos, de las emociones, de los nervios, de la ilusión…, de la magia.

De esa noche tengo muy bonitos recuerdos. De pequeño flipaba con los regalos que por arte de magia aparecían en mis zapatos y alrededor de ellos en la mañana del día 6. ¿Pero cómo? ¡Alucinante! ¡Increíble!

También recuerdo con muchísimo gozo la cara de mis hijos al ver lo que les habían traído “los reyes magos”. Jamás olvidaré su expresión de asombro y sus miradas de no entender muy bien por qué se había producido ese “milagro”. ¡Qué etapa de la vida más inocente y más bonita!

En fin, he dicho al principio que la Navidad me gusta menos que antes, más bien por el consumismo que rodea esta celebración pero…, si he de ser sincero tampoco reniego mucho de ella. Y me quedo con su lado más tradicional y emotivo, con su lado más fraternal y de concordia. Sea como fuere os deseo que paséis unas felices fiestas y que en el año que está presto a comenzar alcancéis todos los objetivos por los que lucháis día a día.

 ¡¡FELIZ NAVIDAD!!
 Marco Atilio
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...